El
cerebro humano, la maravillosa computadora, tan perfecta y que permanentemente
nos trae nuevas sorpresas investigativas. Hoy nos sumergimos en
una nueva teoría, que además de revolucionar el mundo científico,
enfrenta una realidad filosófica y social diametralmente opuesta,
a lo que nosotros considerábamos hasta ahora como irrebatible. Pero
vayamos por partes.
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| por Fabio Zerpa |
El cerebro humano
está dividido en dos hemisferios, el derecho y el izquierdo que gobiernan
diversas funciones, muy distintas entre sí.
Cada hemisferio cerebral controla
el movimiento de la parte opuesta del cuerpo y recibe de esa parte opuesta
información y estímulos.
El hemisferio derecho determina
la comprensión de los esquemas visuales, la orientación en nuestro mundo
tridimensional, la comprensión de todas nuestras imágenes; el izquierdo
es todo lo contrario, es quién gobierna el habla; el razonamiento analítico;
el lenguaje; como por ejemplo podemos citar el que señala que una persona
que quiere enterarse del manejo de un aparato por una instrucción escrita
lo entiende a través del hemisferio izquierdo; mientras que para conocer
ese mismo manejo por una explicación de imágenes filmadas, lo hace por
intermedio del derecho. Los dos hemisferios cerebrales están unidos por
un único haz de fibras nerviosas, llamado "corpus callosum"; afectado
éste por determinadas circunstancias (accidente, enfermedades, etc.) se
pueden producir fallas de comprensión en muchos problemas ya que el intercambio
de información, entre uno y otro hemisferio, es deficiente.
Y los científicos dan en la
actualidad, al corpus callosum, real importancia como lo demostrara el
Premio Nobel de Medicina, Dr. All Sperry: se llega a la conclusión que
un corpus callosum dotado de gran cantidad de fibras nerviosas, es así
también más grande e implica una inteligencia superior, al menos en algún
sentido y dentro de las distintas funciones cerebrales. Y ahí es donde
llega y se fortalece la tesis de la eminente bióloga Christine de Lacoste-Utamsing,
que descubrió que en una gran cantidad de casos analizados y estudiados,
los haces de fibras nerviosas del corpus callosum, son más...
voluminosos
en las mujeres que en los hombres. Esto determina un mayor intercambio
de información entre ambos lados del cerebro y por lo tanto, una capacidad
más integrada de resolver problemas de nuestro diario vivir.
La ventaja del cerebro femenino
radicaría en una mayor flexibilidad para adaptarse a situaciones nuevas,
control de las relaciones verbales, como no verbales, y fundamentalmente
una visión integral del mundo, que el hombre, supuestamente no tendría
tan bien ubicado.
Todo ello indicaría una mayor
sensibilidad y una más perfeccionada intuición (el famoso olfato femenino),
que pasarían al terreno de lo mental o intelectual que antes no se consideraba
así.
Por supuesto ésta teoría conmocionó
al mundo de la Ciencia, y fundamentalmente al criterio machista. Durante
muchos años, quizás siglos, siempre se valoró al mundo de los números,
del lenguaje analítico, todo lo que fuera preciso y exacto, mientras que
la conciencia, la intuición o la ética, por ejemplo, no eran tomadas en
el plano científico, sino que era prácticamente rechazado, como el mundo
de lo no científico.
Toda la ciencia se ha ido
construyendo sobre estos parámetros, equivalentes a la consideración de
cerebros divididos, y no tomando en cuenta la capacidad de relacionar
que tiene el corpus callosum, despreciando, por analogía, la inteligencia
femenina. La teoría de la bióloga, Christine Lacoste, teoriza de manera
singular su descubrimiento encontrando hechos históricos que le avalan.
Así expresa: cuando el cerebro humano estaba desarrollándose, macho y
hembra ocupaban lugares en la evolución y supervivencia de la especie
que llegaría a ser humana. Las hembras preparaban la comida, protegían
la tribu y gobernaban el desarrollo de las crías; los machos, en cambio,
tenían una labor mucho más especializada: la caza. A resultas de esto,
ellos desarrollaron funciones mucho más parcializadas, concentradas en
un solo problema: cómo ubicar las presas y capturarlas. Esto los
llevó a un buen dominio y memorización del espacio tridimensional y tal
vez más adelante, a hacer mapas, señalar caminos, dibujar las presas con
fines rituales y de conocimiento. Las mujeres tenían sus problemas "menos
acomodados"; más bien tenían que estar listas para hacer frente a situaciones
de muy diversa índole, adaptándose a cambios y resolviendo imprevistos.
Esta diferente presión ecológica puede haber sido la que llevó a desarrollar
un cerebro más integrado, así como a sus congéneres masculinos sus funciones
y problemas distintos los llevaron a una mayor especialización; evidentemente
a la Dra. Lacoste no le falta mucha razón.
Y apoyan su tesitura otros
estudios realizados que demuestran que en todas las especies el macho
no tiene un sitio predominante sobre la hembra; pero por otro lado, estudios
más profundos y más actuales, indican que en las especies en las cuales
el macho es absolutamente dominante son la excepción, no la regla.
Así el gallo, dominador de
la gallina y el primate beduino macho también rey absoluto de su semejante,
fueron los que viciaron la investigación de los primeros antropólogos,
estudiosos del comportamiento social animal; después de los gavilanes,
águilas, halcones, caranchos, (casi todas las aves de presa) hacen cambiar
esa posición porque aquí las hembras, son mucho más importantes, desarrollando
una gran fuerza física, mayor que la del macho, una mayor habilidad para
la lucha, y un gran sentido de orientación. Estas aves de rapiña no eran
la excepción, sino que pasaron a ser la regla dentro del reino animal
dominado por ellas. Cardúmenes enteros de peces machos conducidos por
una "reina" y las abejas formantes de una sociedad dominada rígidamente
por otra hembra, la Abeja Reina.
¿Pero, el ser humano es igual
o sucederá algo igual? Es el gran interrogante. Hay que tomar en cuenta
que existen en la relación humana otros factores, como la organización
familiar, las funciones laborales, actividades deportivas o recreativas,
que hacen escapar al phitecantropus erectus de la gran determinación biológica
del reino animal.
Socialmente, ha habido comunidades,
en las distintas etapas históricas, donde la mujer ha prevalecido sobre
el hombre; como también viceversa; depende del desarrollo cultural o de
"civilización" que hayan tenido esos grupos étnicos o sociales.
Pensamos que la teoría (por
ahora solamente una teoría) de la bióloga Christine Lacoste-Utansing,
(por supuesto de origen sueco) ha puesto en el tapete de la ciencia un
aventurado feminismo y de matriarcadismo, que hay en la actualidad, en
algunas sociedades. Pero las diferencias entre el hombre y la mujer, pienso
que estarán dadas siempre en el gran poder de sensibilidad e intuición
que tiene la mujer y la capacidad de gran especialización que tiene el
hombre. Superioridad o inferioridad, no se, pero sí trataremos que todos
estos avances en el campo cerebral, del intelecto, de la mente, sirvan
para una mayor integración femenino-masculino al Gran Orden de la Civilización
del Futuro, que espera también a su vez integrarse al Orden Cósmico.
Para la ciencia psicológica
queda el acicate de inventar nuevos test, que muy poco toman los secreto
de la intuición (allí también estarían las condiciones paranormales) la
flexibilidad y la capacidad de relacionar, éstos junto a los test tradicionales
de interpretación de imágenes, resolución de problemas visuales, vivencias
tridimensionales, etc. (de tendencia predominante masculina) formen un
todo, completo y definitivo, para conocer mucho más profundamente al ser
humano contemporáneo. Los test Bender, Raven, Richard, etc., tienden siempre
a la búsqueda de la personalidad en la que salen gananciosos los hombres,
mientras que ahora se buscaría, la otra cara de la balanza, los mundos
psíquicos donde se mueve mucho mejor la mujer. Esperemos que sea así,
para una mejor interrelación entre semejantes, mujer-hombre, de un mismo
tronco genético, hacho a la semejanza del Creador.
GRACIAS POR ESTAR.
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